Topónimo

O Monte das Croas

PONTEVEDRA SALCEDO Birrete
Xeometría: Polígono

Datos principais

Topónimo 1
O Monte das Croas
Fonética 1
o monte das crOas
Xenérico local
—
Topónimo 2
O Castro das Croas
Fonética 2
o castro das crOas

Tipoloxía

Nivel A Accidentes terrestres
Nivel B Accidentes naturais
Nivel C Monte / Outeiro

Contraste documental

Comparación con fontes en eixe lingüístico e de situación.

Fonte Lingüístico De situación
Nomenclátor Non —
Cartografía municipal Non Non
Marqués da Ensenada Si —
Catastro Non Non
Protocolo notarial Non Non
Escritura privada Non Non
Parcelaria Non Non
IXN Non Non
Mapas Non Non

Mapa

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Información complementaria

Outros datos

Observacións
Trátase dun castro da Idade do Ferro. É propiedade da Comunidade de Montes de Salcedo. O topónimo tradicional é "O Monte das Croas". No mundo da arqueoloxía é coñecido polos nomes de: "O Castro das Croas", "O Castro do Monte das Croas" e "O Castro de Birrete" No Catastro de Ensenada aparecen as formas "Croas" e "Coroas".
Problemas
Hoxe en día, en que se etá a levar a cabo unha pasta en valor do castro por parte do Concello de Pontevedra estase a empregar o nome máis académico de "O Castro das Croas" en detrimento do nome tradicional de "O Monte das Croas".
Observacións etnográficas
Este castro destaca dende o punto de vista do patrimonio inmaterial pola "lenda da moura do Monte das Croas", unha das máis coñecidas da etnografía galega. A lenda foi recollida na segunda metade do século XIX por José Casal y Lois, pioneiro do estudo histórico e etnográfico das parroquias, en xeral, e da de Salcedo, en particular. Aparece por primeira vez publicada en 1888, na obra Galicia, de Manuel Murguía. Tamén aparece noutros libros de referencia, dende "A note-book in northern Spain", de Archer Milton Huntington, fundador da norteamericana Spanish Society, publicado en 1898; ata "Las leyendas tradicionales gallegas", de Leandro Carré Alvarellos, publicado en 1977. Esta é a versión publicada por Manuel Murguía: "En el monte d’as croas estaba, en otros tiempos, encantada una señora [2] de singular belleza. Habitaba en un palacio que había en el interior del monte y en el cual se guardaba un tan gran tesoro, que la fama de su riqueza llegó hasta Cádiz. Muchos eran por lo tanto los que deseaban hallarlo, mas no les era posible á pesar de que la canción daba, en los siguientes versos, las señas exactas del lugar en que estaba encerrado. Monte d’as croas, Ponte d’o batan, Fonte de clara (augua?) fria Monte de Samariné, Tiran c’ó ouro as ovellas E non saben ó que é. La señora allí encantada, se aparecía á menudo á los habitantes de aquellos lugares, pero éstos huían de ella como de una poseída por los malos espíritus. Una vez, un niño que apacentaba las ovejas de su padre hallóla sentada sobre una piedra [3], bajo la cual se ocultaban los tesoros que la señora poseía. Peinábase con su peine de oro cuando el pastorcillo acertó á pasar á su lado y entonces ella le llamó y le pidió un cordero. Asustado el muchacho nada contestó, huyendo en seguida á contar á su padre lo que le había pasado; y este último al oir el relato de lo sucedido, temiendo que por haber negado el cordero á la señora perdiese todo el rebaño, obligó al muchacho á que volviese y le entregase el que ella quisiese. Volvió el pastorcillo, pero su asombro no tuvo límites cuando vió que el rebaño había desaparecido. Llorando y lleno de miedo empezó á buscar sus ovejas, y así anduvo largo rato sin que le fuera posible hallarlas, hasta que de repente se le apareció el rebaño conducido por la señora, quien le dijo avisase á su padre que fuése por él, que tenía que decirle. Tornó el muchacho á su casa, y contó á su padre cuanto la señora le había dicho, y éste dirigióse al monte, aunque lleno de miedo porque tenía que habérselas con una dama encantada. Poco duró su temor, pues ella le aseguró que nada malo le pasaría, antes grandísimo bien obtendría si se ofrecía á guardar secreto y hacer cuanto se le ordenase. Lo que la señora le dijo nadie lo sabe, mas notaron los vecinos que él y otro su íntimo amigo [4] se hicieron ricos en muy poco tiempo, que sus frutos eran los mejores del lugar y sus prosperidades manifiestas. Corrió entonces la voz de que ambos amigos eran los encargados de llevar al alto del monte cuanto la dama encantada necesitaba para su alimentación. Así las cosas, enfermó tan gravemente el dueño del rebaño, que desahuciado de los médicos, se desesperaba de poder salvarle. Sucedió entonces, que en un momento en que la mujer del enfermo tuvo que salir de la casa para atender á sus quehaceres, halló al paso á la dama, quien le preguntó cómo se hallaba su marido. No la contestó palabra, y entonces la enlutada desapareció de repente; mas ¡cuál sería su asombro cuando al entrar en su casa halló á la señora al lado de su marido, y á éste tan mejorado, que podía decírsele ya fuera de peligro! Curiosa como verdadera mujer, preguntó al enfermo qué hacía allí la señora, á qué había venido y cómo le hallaba tan bien, pero él se negó á contestarle. Insistió la esposa en sus preguntas y recelos, y para sosegarla hubo de contarle cuánto le había dicho la dama encantada y los remedios que le había dejado para sanar. Nunca lo hubiera hecho! Al otro día apareció muerto y todo su cuerpo cubierto de manchas negras y como producidas por palos que le hubiesen dado. Su mujer aseguraba haber sentido, durante toda la noche, ruido como de golpes y quejas y ayes lastimeros. [2] La señora es traducción literal de la palabra dona, que en gallego significó en un principio la doncella noble, y después es indistintamente doncella, dama, señora, y dueña en el doble sentido de poseedora de una cosa y también mujer de edad y célibe. Aquí, pues, la dona del monte equivale á la dame de los poemas y leyendas francesas. [3] La roca de los signos, cuyo dibujo hemos publicado en nuestra Hist. de Galicia, t. II. [4] Conocíasele en el país con el nombre do Mourán, por creerse que la señora estaba encantada por los moros."

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